Tenemos el mayor desequilibrio fiscal de la UE, lo que refuerza nuestra dependencia de los mercados, a los que necesitamos para financiar un agujero entre ingresos y gastos que alcanzó el año pasado 56.600 millones de euros (un 5,24% del PIB) y la refinanciación de una deuda pública de 1,07 billones. Además, la vulnerabilidad de las finanzas públicas puede agudizarse este año. La economía crecerá menos que en 2015. Esta desaceleración podría acentuarse por el inestable entorno internacional. Así que, pese a los famosos vientos de cola y el paraguas del BCE, no podremos cumplir el objetivo sin medidas adicionales de ajuste (subidas de impuestos o recortes del gasto). Y, entretanto, seguimos sin gobierno. 

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