La economía española ha dejado atrás una larga crisis en el pasado año 2013, en cuya segunda mitad el PIB registró tasas de crecimiento positivas. Esta mejora de la actividad presenta pilares más sólidos que la tentativa recuperación de la primera parte de 2010. Entonces, la mejora de la actividad se sustanció en la actuación de la política fiscal, vía estabilizadores automáticos y decisiones discrecionales. Sin embargo, aquella expansión fiscal planteaba problemas de sostenibilidad de los niveles y ritmos de crecimiento de la deuda en algunos países, lo que generaba incertidumbres sobre la credibilidad de la zona euro y acabó provocando una crisis de deuda soberana. Entonces, la respuesta a la crisis pasó a centrarse en una estrategia deflacionaria, y los ajustes fiscales consiguieron a su vez una profundización de la recesión. 

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