Perspectivas económicas de la eurozona

 

Pobre crecimiento de la eurozona en el tercer trimestre. La recuperación progresa con lentitud, pero sigue afianzándose

  • El crecimiento trimestral del 0,3% del 3T15 perfila una tendencia de desaceleración (0,5% en el 1T y 0,4% en el 2T). Las principales economías del área, a excepción de España, mostraron datos de expansión muy leve o un total estancamiento.
  • La demanda interna tuvo una contribución relevante, y en especial el consumo público y privado, que se trasmitió con pujanza a las importaciones. La inversión, de nuevo congelada, volvió a decepcionar, y junto a las exportaciones, suponen un doble lastre al crecimiento.
  • El crecimiento monetario fue estable, así como sus componentes (salarios, beneficios e impuestos netos). También el deflactor. La productividad por hora y por empleado, en cambio, se han desacelerado mientras la competitividad sigue mejorando en términos reales.
  • Para el conjunto del año se espera un crecimiento en el entorno del 1,5%, que podría acelerarse dos o tres décimas en 2016.

 

Los indicadores recientes son mixtos, pero apuntan en conjunto a la mejora a corto plazo

  • El crecimiento podría acelerarse una décima, al 0,4% trimestral, en el último tramo del año, sostenido por el estímulo monetario, la tracción del consumo y la posición levemente expansiva de la política fiscal. La reducción de las tensiones financieras tras las turbulencias estivales y el respiro de las materias primas fijan un soporte favorecedor y traerán registros estables de crecimiento en 2016 en el entorno del 0,5% cada trimestre.
  • La confianza persiste en el tramo de expansión, la industria y la construcción han empezado el trimestre con buen pie y las ventas, en cambio, se muestran algo más débiles. El empleo progresa lentamente y a menor ritmo que la producción, y los salarios se han suavizado, aunque con la inflación plana el efecto es digerible.
  • Se profundiza el desequilibrio externo, con superávits comercial y corriente en máximos.

 

Los riesgos a corto plazo, pese a la incertidumbre reinante en múltiples frentes, parecen equilibrados. Ello no excluye que la recuperación siga desplegándose peor a lo esperado

  • Pero a medio y largo plazo, el balance de riesgos es particularmente incierto. Distintos factores animan a ser optimistas o pesimistas en función de la probabilidad que atribuyamos a su materialización.

 

El reajuste de las medidas del BCE tendrá un impacto limitado y no conseguirá acercar la inflación al objetivo en el corto plazo

 

Reajustes en las medidas expansivas del BCE y los dilemas por abordar

 

El BCE ha reajustado algo sus programas de estímulo desde septiembre

  • Los cambios pretenden afianzar la orientación expansiva de la política monetaria. Buscan alterar la política monetaria hoy y, al tiempo, influir en las expectativas (forward guidance) dando pistas sobre cómo se comportará dicha política en el futuro.
  • Pero han sido tímidos en opinión de muchos analistas y del mercado. Hay diferentes razones que pueden haber pesado en Fráncfort para que no se haya decidido por anuncios de mayor envergadura y acordes a las expectativas reinantes.
  • Entre ellos destaca: la extensión un semestre del QE hasta (al menos) mar-17, el aumento del límite de compra de cada emisión (issue limit), el recorte de la tasa de depósitos del -0,2% al -0,3% y la adquisición, a partir de ahora, de deuda pública regional y local.

 

La inflación subyacente no remonta: sigue anclada por debajo del 1%. La versión oficial se afana en trasmitir que las medidas sí han tenido un impacto positivo

  • Esta versión se resume en: la compra de bonos funciona pero necesita tiempo y tendrá que ir reajustándose en función de las circunstancias y las necesidades. Su efecto es el deseado y parece que las turbulencias financieras no lo han modificado.
  • En concreto, se juzga muy positivo el impacto en la oferta de crédito, positivo en empujar al alza las expectativas de inflación y los flujos interbancarios y en reducir el coste de la deuda, poco positivo por ahora en la inflación y sin efecto en las primas de riesgo.
  • Esta visión es optimista y complaciente. Muchas razones animan a pensar que el QE ha tenido poco impacto en la inflación y tendrá aún menos a partir de ahora.

 

Los próximos trimestres traerán una discusión creciente sobre qué hacer con el QE

  • Si el impacto sigue mostrándose elusivo se convertirá en un arma arrojadiza: unos querrán detenerlo por ineficaz y dañino. Otros todo lo contrario: mantenerlo y ampliarlo.
  • En este segundo grupo hay analistas que confían en el QE pero aconsejan ajustes concretos en su diseño o en la forma en que se conduce la política monetaria. Y también se encuentran analistas que creen que el QE no da más de sí para contrarrestar la presión deflacionista, y propugnan por ello medidas más radicales (de estímulo fiscal para acompañar el monetario, o un helicopter drop que llene de nuevo dinero el bolsillo de los ciudadanos europeos).

 

 

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