• La recuperación en la eurozona prosigue lentamente pero sin altibajos, pese a los riesgos y la volatilidad financiera. El crecimiento resiste en un entorno complejo, pero el grave problema de insuficiencia de demanda sigue manifestándose en una evolución débil del mercado laboral y una desinflación aguda de los precios. Esta tendencia contrasta con la economía de Estados Unidos, cuya posición cíclica y estructural es mucho más sólida, y cuyas perspectivas apuntan a corto plazo a una intensificación de su dinamismo, en parte por la expectativa de un “efecto Trump” expansivo.
  • La inflación continúa siendo muy baja y persistente. Los datos  (IPC, deflactores o swaps) y las previsiones (de organismos y analistas) indican que la inflación seguirá remontando gradualmente impulsada por la recuperación de los precios energéticos pero no por el repunte de los precios domésticos. Sigue sin apreciarse un impacto positivo significativo de los estímulos del BCE sobre los precios.
  • La evolución financiera sigue progresando, aunque a un ritmo menor. La continuada mejora de las condiciones financieras sigue apoyando la recuperación. La financiación bancaria es más barata, el acceso más amplio y el volumen mayor, mientras la fragmentación sigue a la baja y la demanda de crédito repunta tras finalizar el desendeudamiento de hogares y empresas. Pero el alza del precio del crudo, la incierta salida de la expansión cuantitativa (QE) y el repunte de la volatilidad financiera y soberana –con un problema de solvencia bancaria por resolver- auguran un 2017 complejo para las autoridades.
  • Este mes la orientación expansiva de la política monetaria se ha reforzado al alargar el BCE la compra de activos hasta finales de 2017, al menos. El montante mensual bajará de 80.000 a 60.000 millones a partir de abril, pero podría volver a aumentar si la situación empeora. Además, se ajustaron los criterios de vencimiento y tipo de interés sin alterar las demás restricciones (capital key e issue-issuer limits). En 2017 el balance seguirá creciendo con dinamismo y alcanzará el 40% del PIB a finales de año, siete puntos más –unos 800.000 millones– que actualmente.
  • Algunos analistas han juzgado los anuncios como el principio de la estrategia de salida del estímulo monetario (tapering). Pero dominan las señales que apuntan, por el contrario, a que las compras podrían alargarse más allá de 2017, mientras el estímulo convencional, mediante tipos de interés en mínimos, continuaría aún mucho tiempo más.
  • La Reserva Federal reanudó la subida de tipos tal y como se esperaba. El Comité se mostró satisfecho y optimista con la marcha de la economía de EE.UU. Pero los interrogantes sobre el “efecto Trump” son muy significativos. No se circunscriben a los planes fiscales e impositivos, sino también a la política comercial, sanitaria o de inmigración. La FED ha preferido esperar a que se disipe la niebla y poder calibrar mejor el impacto de las medidas que se anuncien. Según se inclinen más hacia uno u otro extremo condicionarán el ritmo y alcance de la normalización monetaria.
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