• El crecimiento trimestral en el 4T15 se mantiene en el 0,7%. Fuerte empuje de exportaciones y ligera reactivación de la demanda interna privada, que compensó la caída del consumo público y el repunte de importaciones. Construcción y servicios se desaceleran, pero queda compensado por una significativa aceleración en la industria.
  • El crecimiento interanual se suaviza dos décimas alcanza el 3,0% con una creciente aportación positiva de la demanda exterior neta de ocho, la mayor en un trienio. El ritmo de expansión del consumo privado y las exportaciones sostuvieron el crecimiento ante el estancamiento del consumo público y la desaceleración de la inversión, sobre todo en bienes de equipo. Los servicios se desaceleran (pero todavía crecen por encima del agregado) mientras que la industria y la construcción se aceleran. 
  • El PIB está ya a tiro de los registros máximos previos a la crisis (2T08), al situarse 1,2 puntos por debajo. Esta no es la “estación de llegada” sino acaso “la de salida”, por la gigantesca distancia que se ha acumulado entre las variables macroeconómicas y la tendencia que traían antes del estallido de la crisis. Además, la demanda interna se desplomó un 18% y ha recuperado un 8%, luego continúa 10 puntos por debajo que en el 2T08. El consumo privado sigue 4,9 puntos por debajo y la inversión nada menos que 28,0 puntos. 
  • El salvavidas de la economía española durante la crisis y la posterior recuperación ha estado en el intenso proceso de reequilibrio externo. Las importaciones, desbocadas en el periodo pre-crisis, se ajustaron un 24% acumulado a la baja desde máximos, y desde entonces han recuperado un 15% desde mínimos, por lo que continúan más de 9 puntos por debajo. En cambio, las exportaciones se han disparado un 24,4% en estos 8 años.
  • El avance anual en 2016 (3,2%) supera ostensiblemente el 2,6% esperado a principios del año pasado. La composición también se esperaba distinta: se estimaba que la demanda interna creciera nuevamente más que el PIB y lo he hecho menos. También se esperaba una aportación negativa de la demanda externa neta que finalmente ha sido positiva.
  • Los precios repuntan por fin. El PIB nominal asciende con fuerza, pero los salarios desaceleran bastante su incremento. El intenso crecimiento monetario actuará positivamente sobre la carga financiera de los agentes, al ayudar a licuar la deuda. Pero la masa salarial crece por el incremento del empleo y sin ayuda de los salarios, que siguen estancados.
  • La reactivación del empleo prosigue aunque a desacelerándose y a menor ritmo que el PIB. Ello deja aumentos leves en la productividad por ocupado (PPO) y mejoras importantes de competitividad (caída de CLU), sobre todo en términos reales.
  • Hacia adelante, el ritmo de crecimiento tenderá a suavizarse. Pero lo hará, previsiblemente, a un ritmo paulatino mientras no cambie significativamente el cuadro de riesgos, que consideramos balanceado actualmente o sesgado levemente a la baja.

 

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