Muy pobre desempeño del sector exportador en 2018 tras el inédito crecimiento en 2017: las exportaciones reales se estancan (-0,1%, 8,3 puntos menos) las importaciones se frenan (1,1%, 4,4 puntos menos). Los datos del 4T son particularmente negativos, presagiando un 2019 difícil en el que el cuadro de riesgos está sesgado claramente a la baja entre factores ya visibles (guerra comercial y suavización del crecimiento en las principales áreas exteriores) y otros nuevos que pueden surgir a corto plazo (brexit, incertidumbre doméstica). 

El deterioro de los términos de intercambio dispara en 10.000 millones el déficit comercial, que regresa al nivel de 2012. Supera los 33.000 millones (2,8% del PIB) tanto en términos nominales como reales. El deterioro ha lastrado en similar cuantía el superávit de la Cuenta Corriente, reduciéndolo a la mitad (hasta los 10.000 millones) acolchado por fortuna gracias a las balanzas estables de servicios y rentas. Este empeoramiento de las cuentas externas y del déficit comercial puede venir en parte provocado por un deterioro de la competitividad, con un crecimiento del tipo de cambio efectivo real (TCER) del 2,7% el año pasado, medio punto más que en el área del euro.

La apertura exterior de la economía española se estabiliza en el 50% del PIB (y alrededor del 65% si se suman las exportaciones e importaciones de servicios). Y aunque las exportaciones continúan sobre la tendencia previa a la crisis (las importaciones siguen desplomadas, lo que es lógico), en 2018 España dejó de ganar cuota relativa en el comercio mundial, ya que las exportaciones mundiales crecieron en torno al 3,4% real frente al -0,1% de las españolas.

 

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