Datos aceptables en el 3T19. Entre julio y septiembre se registraron datos positivos en los flujos externos, con mayor vigor en las compras externas de bienes (2,7% nominal) que en las ventas (1,4%). Pero el enrarecido e incierto contexto exterior muestra que la ralentización se ha intensificado: en las exportaciones desde el 8,9% (2017) al 2,9% (2018) y al 1,6% interanual acumulado hasta sep-19 y en las importaciones desde el 10,5% (2017) al 5,6% (2018) y al 2,0% hasta sep-19.

La sintonía del tipo de cambio y el petróleo no han revertido la suavización. Hasta octubre el euro se ha depreciado un 5,7% interanual frente al dólar, un abaratamiento más moderado en términos efectivos nominales (-1,6%) y reales (-2,3%). Y el barril de Brent ha retrocedido un 10,0%. Por tanto, el precio relativo de la divisa única y el de la energía importada han remado a favor del sector exterior español, pero no han conseguido revertir la ralentización, sino todo lo más, minorarla.

El déficit comercial español en cómputo anual se sitúa en 35.000 millones, tanto en términos nominales como reales, en torno al 2,8% del PIB. Este nivel es el mayor de los últimos 7 años y sigue lastrado por el saldo energético (-30.000), pero influenciado por el deterioro del déficit no energético, que supera los 5.000 (muy lejos del superávit de 26.000 en 2013). El déficit se concentra en los bienes intermedios (-48.500 millones), ya que los bienes de capital muestran un déficit moderado (-3.000 millones) y los bienes de consumo revelan un notable superávit (16.500 millones). Por destino, España mantiene un importante superávit frente a la eurozona (10.700 millones) más que compensado por el déficit frente al resto del mundo (-45.700 millones), que se concentra en Asia (-41.000) y en el que los 4.700 millones restantes se reparten entre el resto de geografías.

 

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